
No hace falta cruzar el mundo para encontrar lugares que enamoran. A pocas horas de Santiago hay pueblos cerca de Santiago con historia, paisajes y una identidad propia que vale mucho la pena descubrir. Si tienes un fin de semana libre y ganas de salir de la rutina, estos destinos son la excusa perfecta.
Si necesitas transporte, busca arriendo de auto desde donde necesites o pasajes en bus.
A solo 60 km al oeste de Santiago, Pomaire es probablemente el pueblo más querido de la zona central y con razón. Sus calles de tierra están llenas de talleres donde los artesanos trabajan la greda a mano desde hace generaciones, y el famoso chancho alcancía es el souvenir más representativo de Chile que puedes llevar a casa. Pero lo que muchos no saben hasta que llegan es que la comida acá es de otro nivel: la cazuela, el charquicán y el pastel de choclo se comen en Pomaire como en ningún otro lugar. Los fines de semana el pueblo se anima con visitantes y el ambiente es festivo sin perder su esencia campestre. El viaje dura menos de una hora y no necesita mayor planificación.
Uno de los destinos más únicos y menos conocidos de Chile está enclavado a 2.140 metros de altura en la Cordillera de los Andes, a 150 km de Santiago. Sewell fue construida en 1905 por la empresa Braden Copper para alojar a los trabajadores de la mina El Teniente, la mayor mina subterránea de cobre del mundo, y hoy es Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO en 2006. Lo que la hace diferente a cualquier otro lugar es su diseño: no tiene calles, solo escaleras que conectan sus coloridos edificios de madera. Actualmente está deshabitada y solo se puede visitar mediante un tour autorizado que parte los sábados desde Santiago o Rancagua, e incluye traslados, guía, almuerzo y entrada al Museo de la Gran Minería del Cobre. Una experiencia que mezcla historia, arquitectura y paisaje cordillerano de una forma que no tiene parangón.
Olmué es un pequeño pueblo de la Región de Valparaíso que funciona como puerta de entrada al Parque Nacional La Campana, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO y famoso por ser uno de los lugares que inspiró a Charles Darwin durante su expedición por Sudamérica. Sus senderos van desde caminatas accesibles hasta el desafiante ascenso al Cerro La Campana, y en el camino es posible ver los imponentes bosques de palma chilena, una especie endémica que en pocas partes del mundo se ve en esa densidad. Después de la caminata, el pueblo tiene una buena oferta gastronómica y un ambiente tranquilo que invita a quedarse a dormir y hacer la escapada de dos días. Está a aproximadamente 1 hora y 30 minutos de Santiago.
Pirque parece más lejos de lo que está. A solo 45 minutos de Santiago por la Ruta 5 Sur, este pueblo del Valle del Maipo combina viñedos, paisaje rural y una gastronomía de cocina chilena tradicional que resulta difícil de encontrar en la ciudad. Las visitas a las bodegas, entre ellas la reconocida Concha y Toro, son una de las principales atracciones, con catas y recorridos bien montados para distintos presupuestos. El Parque Nacional Río Clarillo, con sus senderos entre bosque nativo y la reserva más biodiversa de la Región Metropolitana, está también en el camino y es perfecta para quienes quieren combinar vino con naturaleza en el mismo día.
A 80 km de Santiago, la ciudad de Los Andes es una de esas joyas cordilleranas que los propios chilenos pasan por alto. Su Plaza de Armas con arquitectura patrimonial, el Museo del Antiguo Convento del Espíritu Santo y sus calles tranquilas ofrecen una experiencia de turismo cultural pausado y auténtico, muy diferente al ritmo de la capital. Desde Los Andes también se puede acceder a rutas de trekking y excursiones 4x4 por los valles y senderos de la precordillera, y en invierno funciona como punto de partida hacia la alta montaña. Es un destino que combina bien con una visita al Valle de Aconcagua y sus viñedos, convirtiendo la escapada en una jornada muy completa.
Más que un punto de paso hacia el Cajón del Maipo, San José de Maipo es un pueblo con historia y carácter propio. Con una iglesia de adobe del siglo XVIII y una Plaza de Armas que parece detenida en el tiempo, el pueblo conserva el ritmo lento y el ambiente cordillerano que muchos buscan cuando salen de Santiago. Está a poco más de 50 km de la capital y desde aquí se accede fácilmente a las Termas de Baños Colina, al Embalse El Yeso y a los principales senderos del sector. Es un buen punto base para quienes quieren explorar la zona con tranquilidad y sin apuro, con opciones de alojamiento en cabañas y hostales para quedarse a dormir.
A unas 2 horas y media de Santiago, Santa Cruz es la capital del Valle de Colchagua y uno de los destinos más completos para una escapada de fin de semana. El Museo de Colchagua, considerado uno de los mejores de Chile y varias veces premiado internacionalmente, es por sí solo una razón para hacer el viaje: su colección de arte precolombino, historia natural y objetos históricos es impresionante. Pero la gran estrella de la zona es el vino: las bodegas del valle ofrecen visitas, catas y almuerzos maridaje en entornos de viñedos que son difíciles de superar. Para redondear la experiencia, el tren turístico que recorre el valle los fines de semana es uno de los panoramas más originales y disfrutables de la zona central de Chile.
A unos 40 minutos de Valparaíso y cerca de hora y media desde Santiago, Quintay es una caleta de pescadores con una historia singular y una belleza tranquila que contrasta con los balnearios más masivos de la región. Su atractivo más particular es la Ex-Ballenera, un museo y espacio cultural que recuerda la industria ballenera que operó en el lugar durante el siglo XX. Las playas de arena clara con cerros verdes de fondo son ideales para caminar y relajarse, y la Cueva de los Changos agrega un componente histórico y arqueológico al recorrido. Es un destino ideal para quienes buscan costa sin aglomeración y un ambiente más íntimo que el de Viña o Cartagena.
No todas las escapadas necesitan ser grandes aventuras. Isla de Maipo, a menos de una hora de Santiago en la Región Metropolitana, es perfecta para quienes quieren un plan sin complicaciones: áreas verdes, ambiente rural, viñas boutique y la posibilidad de hacer una noche de camping sin alejarse demasiado de la ciudad. Es un destino ideal para iniciarse en el mundo del camping, para paseos en bicicleta por caminos rurales o para visitar algunas de las pequeñas bodegas del sector que ofrecen una experiencia más íntima que las grandes rutas del vino.
Lo mejor de estos pueblos cerca de Santiago es que no requieren gran planificación. Con un fin de semana libre, el auto cargado y ganas de descubrir, cualquiera de estas opciones puede convertirse en una de esas escapadas que se recuerdan mucho tiempo después de volver a casa.